Colegio Montessori

Playa del Carmen

UN AMBIENTE DE DESECHOS

CONNIE EVERS
DE LA COLECCIÓN “PATERNIDAD DEL NUEVO MUNDO”

Además de las muchas oportunidades de aprendizaje activo que ofrece, la jardinería es muy atractiva para los niños y los invita, además, a comer una amplia variedad de frutas y verduras.

Una infinidad de conceptos científicos abundan en la huerta. El joven jardinero sentirá gran curiosidad y se extrañará preguntándose ¿por qué las semillas no crecen al revés? ¿Por qué siempre brotan sus hojas hacia arriba y las raíces hacia abajo? (Respuesta: las plantas saben acerca de la ley de la gravedad, también conocido como gravitropismo). O, ¿por qué las plantas, especialmente en zonas de sombra, siempre se inclinan hacia el sol? (Respuesta: Las plantas tienen un respuesta a la luz llamado “photoropismo”) ¿Qué es un “insecto beneficioso”? (Respuesta: son los que se comen las plagas que se alimentan de las plantas del jardín.) ¿De qué manera las plantas producen carbohidratos? (Respuesta: Fotosíntesis). Todas estas y otras preguntas nacerán a partir de la experiencia que el joven jardinero tenga en contacto con la naturaleza y lo convertirán ¡en un botánico de biblioteca durante todo el verano!

Los niños también pueden adquirir habilidades en artes del lenguaje, matemáticas, y estudios sociales. Anime a los niños a escribir, graficar y dibujar, siguiendo los cambios que observa en el jardín a lo largo de la temporada. Echen un vistazo a libros sobre cómo cultivan las otras culturas y el uso de los alimentos en sus comunidades. Compartan la cosecha del jardín con sus familias, bancos de alimentos o refugios y albergues de su comunidad.

Un pedazo de jardín también enseña responsabilidad a sus hijos ¡sin tener que salir de casa o caminar muchos kilómetros! Ellos aprenden que el trabajo dará siempre resultados. Además de plantar semillas, deberán deshierbar, regar, fertilizar, hacer frente a las plagas, y mantenerse al día con la recolección de frutos o flores.

Consejos para el Joven Jardinero

Para lograr tener éxito en el jardín, lo mejor es comenzar con algo simple. Tenga en cuenta los siguientes puntos antes de la plantación de un jardín con su hijo:

  • Incluso el patio más pequeño o balcón en un apartamento es un lugar óptimo para el joven aspirante a jardinero. Una pequeña parcela (2 de por 4 pies) es más fácil de manejar, especialmente para un niño menor de cinco años. Un cajón de jardinería (huacal) es también una opción cuando el espacio es limitado.
  • Proporcionar herramientas que los niños pueden manejar fácilmente, es indispensable. Asegúrese de que las herramientas funcionan realmente, evitando los juguetes de jardín, esos de plástico que se comercializan en las jugueterías para los niños. Una pala, un azadón, una regadera y un carrito o pequeña carretilla son elementos esenciales para el joven jardinero.
  • A los niños les encanta ayudar a preparar la tierra cavando y haciendo surcos. Asegúrese de que la tierra está bien aflojada antes de la siembra. Añada composta para garantizar un buen drenaje.
  • Elija vegetales que germinen rápidamente y tengan temporadas cortas de crecimiento como los rábanos, lechuga de hoja y las vainas de guisantes. Los niños no tendrán que esperar todo el verano para disfrutar de la cosecha si se combina vegetales de ciclo corto con los de maduración tardía.
  • Para hacer más fácil la plantación, marque con un palo de madera un cuarto de pulgada, media pulgada, y las marcas de pulgada. Siguiendo las recomendaciones que vienen en cada sobre de semillas, meta el palo en el suelo a la profundidad de siembra adecuada, y permita que su hijo coloque una semilla en el agujero, él puede continuar con el proceso con el resto de las semillas. Para las semillas muy pequeñas, utilice cinta de semillas o un dispensador diseñado para la siembra de semillas pequeñas.
  • Al decidir qué plantar, asegúrese de incluir algunos vegetales que ya conozcan y sean sus favoritos, junto con algunas especies nuevas a probar.
  •  Abril / Mayo es un buen momento para plantar cultivos de clima frío como los guisantes, lechugas, rábanos, brócoli y zanahorias. Cultivos de clima cálido como el tomate, la calabaza, judías verdes, melones, maíz y pimientos germinan mejor cuando se plantan a finales de mayo o principios de junio.

EL AMOR MÁS GRANDE SEPARARSE Y DEJAR IR

MARY ZEMAN
DE LA COLECCIÓN “PATERNIDAD DEL NUEVO MUNDO”

Comenzar un nuevo año escolar es siempre un evento complejo para las familias Montessori. Enfrentarse al ritmo de las rutinas diarias, para adaptarse a una serie de nuevos conceptos, nuevas relaciones, los horarios y las expectativas, puede ser un giro dramático para toda la familia. Seguramente para la mayoría de las familias está, a la cabeza de la lista la separación de los hijos. Durante la “Semana de Orientación” para los nuevos padres, por lo general presento el concepto del secreto de la infancia de Montessori. Sin duda, podríamos comenzar por admitir este principio: el trabajo del niño es la tarea de auto-construcción; es un proceso que requiere una cierta intimidad y distancia de la que deben estar conscientes sus padres.

En sus escritos sobre el secreto de la infancia, Montessori transforma el sentido de la tan celebrada palabra “secreto”, algo que puede ser disimulado o encubierto y que se manifiesta como un valioso componente del desarrollo humano. Quienes hemos elegido el enfoque Montessori a la educación, entendemos la importancia de la independencia y la autonomía del niño.

Es simple: un niño no puede ser autónomo si no es apoyado por ese proceso “secreto”. Es decir, lo que ocurre fuera de nosotros. Y eso requiere dejarlo ir.

Sucede en nuestra escuela todos los días. La despedida en la puerta se da en cientos de formas. A veces hay tanta gracia y facilidad, y a veces menos. De cualquier manera, no debería haber drama. Me atrevería a decir que una vez que hemos dicho adiós, debemos volvernos y continuar nuestro camino. Pero, porque nos gusta ver, nos encanta saber lo que están haciendo, lo que eligen, lo que saben, cómo están, este sentimiento no desaparece y volteamos y permanecemos en la puerta.

Viví una experiencia similar en un partido de fútbol el pasado otoño. Allí, en las gradas, el nuevo lente de mi cámara de 400 milímetros me daba la oportunidad de seguir los movimientos ágiles del equipo de alto rendimiento de nuestra escuela secundaria en el campo. A través del dispositivo de poderoso aumento apenas perdí un movimiento.

Y entonces vinieron a mi mente ecos de los discursos que doy a los padres a lo largo de la semana de orientación en la escuela. “Ellos los van a abandonar. Deben hacerlo”. Y me eché a reír. Es una simple pero fuerte necesidad la que sentimos de dar un vistazo más a través de la puerta, desear entrar al aula, observar a nuestros hijos a medida que crecen y todo esto se vuelve cada vez más complejo. La metáfora es perfecta: ¿Qué haces cada vez que notas que mientras más crecen, más lejos se van? Fácil, ¡te consigues un lente más grande y más potente!

¡O tal vez no! Y ahí está el arte de la crianza de los hijos. Para saber cuándo hay que cerrar el lente y dejar pasar el momento. Cuándo pedir directamente, cuándo mimar o intervenir y cuándo guardar silencio, o simplemente dar un paso atrás y desaparecer. Para darles a nuestros hijos la gracia de realizar un mejor y más auténtico desarrollo, debemos permitirles el espacio para crecer y ese debe ser lejos de nosotros.

Hace poco escuché en la radio una historia muy inquietante sobre la violencia de pandillas adolescentes. “¿Qué podrían haber estado pensando?”, preguntó un adulto, como respuesta obtuvo: “O, ¿acaso estaban pensando?” Nuestras noticias están llenas de los peligros de nuestro tiempo: los adolescentes frente a la creciente exposición a la violencia y un mar de tentaciones mundanas con recompensas de corta duración. Oramos por sabiduría para guiarlos y al mismo tiempo estamos bien conscientes de nuestras limitaciones.

Todo se reduce a esto: depende de ellos. Al igual que en un ambiente Montessori no se consigue la máxima seguridad y responsabilidad cuando se les da a los pequeños una vajilla irrompible o utensilios de juguete para la preparación de alimentos. Los niños crecen más seguros y se vuelven más competentes cuando se les dice que llevan un cántaro con agua y se puede romper, que deben ir con cuidado, ya que puede ser una cosa de peligro. Los niños son muy receptivos y en cada ocasión están creciendo y aprendiendo. Debemos estar conscientes de la importancia del papel del adulto, debemos entender que el llamado de Montessori de “seguir al niño” es una danza afinada. A medida que nuestros niños responden a sus propias directrices internas, debemos ser responsables y responderlos manteniendo nuestra promesa de reunirnos con ellos en el camino. Como E. M. Standing dice, “Incansablemente, con irresistible alegría, el niño está trabajando para crear al adulto”.

Se cuenta una historia acerca de un niño pequeño y su padre. Mientras el pequeño estaba en la etapa de aprender a ir al baño solo, el padre había creado un simple ritual, un gesto que le permitía un tiempo de intimidad en el baño. Después de que el niño se acomodaba en la taza, el padre salía de la habitación por un minuto o dos, y esperar detrás de la puerta. Una vez, después de cerrar suavemente la puerta, sin querer, volteó hacia abajo el interruptor de la luz en el pasillo, dejando el cuarto en completa oscuridad. Esperando fuera, se dio cuenta de lo que había hecho cuando oyó la voz suave de este niño desde el interior: “¿A dónde fui?”, dijo.

Notemos que no dijo: “¡Hey! ¿Quién apagó las luces?”, Sino en la honestidad inimitable del niño, miró primero a sí mismo, para ver si aún seguía en el mismo lugar.

Tomemos esta historia como símbolo para recordar la teoría Montessori. La Dra. Montessori nos enseña que la tarea más grande en los primeros seis años de vida es la construcción del yo, la auto-construcción. No tú, como yo necesito que seas, sino tú como tu mejor tú. Esta es la razón por las cual las lecciones, presentaciones y trabajo de los primeros años de la escuela Montessori están dirigidas a los niños individualmente, uno a uno. Montessori nos enseña a honrar la sagrada tarea de desarrollar el carácter de cada uno de los niños y la conciencia de sí mismo. Una tarde, dos de los estudiantes de primaria me invitaron a ir rápidamente a la sala de clase para presenciar un descubrimiento que habían hecho. Su ensoñación y entusiasmo comenzaron antes de cruzar el umbral de la puerta de la clase, entonces dijeron: “Primero estuvimos trabajando con el material de medición de volumen, y nos dimos cuenta de que el cubo de tres nos recordó al cubo de la torre rosa que solía utilizar en la enseñanza primaria. Decidimos ir a pedir prestada una torre rosa a Casa de Niños y traerla de vuelta aquí. Apilamos la torre rosa al lado del material de medición de volumen y nos pareció que era idéntico… todos, excepto el décimo, el último, el que se pone hasta arriba. Quitamos ese décimo cubo y entonces nos dimos cuenta de que son idénticos sin él. Entonces nos dimos cuenta de que es porque no se puede elevar al cube con dos dígitos. Así que, por supuesto, es por eso que el cubo diez no encajaba”.

Esta historia es un ejemplo cotidiano de la educación que da el trabajo Montessori. El proceso simbólico y el proceso práctico son aspectos interdependientes de la educación para la vida. Tener un concepto en la cabeza es una cosa. Imaginarlo y a continuación ponerlo en práctica, da un empoderamiento aún mayor de lo que se ha aprendido y permite incluso una mayor autoridad. Lo que se aprende de esta manera se convierte en propiedad personal de una manera única. Es por esto en ambiente Montessori no hay ningún propósito más alto que ese descubrimiento. A medida que estos estudiantes hicieron su descubrimiento, llegaron al punto de partida. Al llegar al final de su material Montessori, se encontraron con que debían volver al inicio para validar el conjunto de su hallazgo.

Nuestros días no se viven de forma aislada. No sólo en la educación, sino en la relación con los demás, en la familia y en la vida que compartimos con nuestros compañeros y amigos. Siempre y cuando seamos fieles a los objetivos de nuestro más alto propósito, vamos a descubrir continuamente que una pieza encaja con otra, y que el principio y el final tienen siempre una relación.

Recientemente, cuando enviamos a nuestro hijo a la universidad en tren, tuve la idea de poner un centavo sobre la vía. Después de esas despedidas largas y del último abrazo dulce, continuamos despidiéndonos con la mano hasta que nos perdimos de vista. Cuando partió el tren pasando sobre la moneda, voló fuera de la vía, cayendo en la oscuridad, a pocos metros de distancia. El tren la había aplastado y convertido en una brillante hoja de papel fino de cobre. Mientras frotaba el pulgar sobre la superficie, descubrí un solo vestigio de su estado original de moneda. La mayor parte de la palabra libertad todavía permanecía intacta a través de uno de sus bordes.

A veces los mensajes que recibimos son sutiles. A veces son ineludibles. Este era un mensaje que yo necesitaba oír de nuevo: Decir adiós. Estoy diciendo adiós, estoy dejando ir y eso significa que estoy dando libertad física y psíquica.

Montessori nos llama a la tarea más difícil cuando como padres nos ordena “seguir al niño”. Seguir no significa estar sobre de él, sino algo mucho más difícil de realizar. Cuando verdaderamente honramos el crecimiento de nuestros hijos, también honramos a las etapas crecientes de liberarlos como seres independientes y honorables, y finalmente, totalmente apartados de nosotros. Es un proceso de toda la vida que comienza con el misterio de la vida misma. Al igual que ocurre en el proceso del útero en donde no podemos verlo, el crecimiento psíquico de la vida humana en ocasiones tiene su autonomía comparable. Cuando nos abstenemos de preguntar a nuestro hijo cada pensamiento que les pasa por la mente y les damos espacio para encontrar su camino; que sean ellos mismos quienes se autoevalúen. Que tengan la oportunidad de informarnos sobre las noticias del día sin que nosotros se las preguntemos, sin que demos el primer paso. En nuestra urgencia de saber, queremos preguntar y preguntar, o darnos vuelta a la esquina y espiamos la clase y tratamos de atraparlos desprevenidos. La libertad ganada realmente no tiene cuerdas. Seguir al niño significa dejarlo ir poco a poco y tener el valor de permitirle probar su mundo, centímetro a centímetro… lejos de nosotros.

EL ARTE DE LA OBSERVACIÓN

MARY CAROLILNE PARKER

DE LA COLECCIÓN “PATERNIDAD DEL NUEVO MUNDO”

El arte de la observación para la mayoría de los padres, no se trata de la manera de hacer algo por su hijo, o cómo hacer algo para nuestro hijo.

Casi todo lo que hacen los adultos con los niños es sobre su seguimiento. Si pensamos en nuestras interacciones con los niños en términos de cuál es el propósito, estamos casi siempre dirigiendo, pendientes de que hagan algo, recordándoles lo que deben hacer, pendientes de corregirlos, protegiéndolos de algo, o incluso “sermoneándolos” de algo. También a menudo tratamos de aprovechar todas las oportunidades posibles para enseñarles algo.

Stan Ferguson, terapeuta, consejero, y el autor de Lo que los padres necesitan saber sobre los niños, estima que aproximadamente el 99,9% de toda la comunicación de adultos con los niños es básicamente este tipo de monitoreo. Muchos padres podrían argumentar que este tipo de interacción es el resultado de la responsabilidad de ser padres. Eso es en lo que nos enfocamos para amar a nuestros hijos, cuidarlos, protegerlos, y mostrarles el camino.

Sería muy interesante si alguien pudiera seguirnos a nuestro alrededor con una pequeña libreta sólo por un día y escribir todo lo que le decimos a nuestro hijo. Podría salir algo como esto:    

  • Cariño, ¡es hora de levantarse! Vamos dormilona, ¡muévete!
  • Ya sabes que no lo puedes llevar a la escuela, por lo que ni siquiera debes ponerlo ahí.
  • ¿Qué quiere decir eso de que no puedes encontrar tus calcetines?
  • Date prisa, es el momento para el desayuno. Deja de jugar con tu cereal.
  • Deja de molestar a tu hermano.
  • ¿Te cepillaste los dientes?
  • Vas a llegar tarde, sube al coche. Que no se te olvide de tu almuerzo.
  • No, no puedes jugar un rato después de la escuela o vamos a llegar tarde a tu cita con el dentista.
  • Sí, claro que tienes que ir al dentista.
  • Porque yo lo digo, por eso.

¿Le suena familiar? Y todo esto ¡antes de salir de la casa en la mañana!

La verdad es que nosotros no estamos acostumbrados a pasar tiempo con nuestros hijos sin interactuar con ellos. Muchas veces estamos tratando de asegurarnos de que no hacen algo mal. O, si no, estamos corrigiéndolos por que hacen algo que no nos gusta.

Es realmente agotador, estar siempre de guardia, ¿no es así? Es, probablemente, bastante agotador para los niños también.

¿Cómo sería estar con nuestros hijos sin dirigirlos ni controlarlos? ¿Cómo sería estar simplemente presentes con ese niño, y qué significaría eso para el niño? Ferguson llama a este estado de solo estar con su hijo, “darse cuenta” de su hijo. Maria Montessori lo llamó “observando” al niño.

Susane Corto es una psicoanalista que también es maestra Montessori. Hace más de 20 años, escribió un artículo acerca de la educación Montessori desde el punto de vista de la psicología analítica. Esta es una de las cosas que ella dijo: “Al ser observador, de alguna manera la psique sabe que se está viendo. Sentir lo que uno observa. Observar es estar con alguien. Lo que es importante para cualquier persona es ser visto como uno verdaderamente es. Es la única cosa que realmente importa”.

¿No es esa la esencia de las relaciones humanas? Para hablar con alguien, o para enseñar algo a alguien, o para decirle a alguien lo que debe hacer. Pero sólo para estar con alguien.

Cada padre ya ha tenido esta experiencia en su forma más pura. Tal vez el mejor ejemplo de simplemente estar con alguien es lo que experimentamos cuando miramos a los ojos de un bebé recién nacido.

Sé que todos ustedes probablemente han notado que en las escuelas Montessori se habla mucho acerca de la “observación” y “observar al niño”. En la mayoría de las escuelas, los padres están invitados a asistir y observar en el aula. La experiencia de la observación en el aula nos da un marco para hablar de la observación. Sin embargo, las ideas y técnicas que se discuten no sólo son relevantes para la observación en las aulas Montessori. Son cosas que usted puede pensar y probar en casa también.

Cuando se llega a observar en el aula, no se va a estar interactuando con el niño. No se puede estar dirigiendo a él ni decirle lo que debe hacer; no se le corrige y ni siquiera se le monitorea. Simplemente se sienta tranquilamente en una silla y observa, ve lo que pasa a su alrededor. Así que esa es una gran diferencia comparada con la experiencia que vive con su hijo en el día a día.

Todo el mundo conoce el viejo refrán. “Ver el mundo a través de lentes color de rosa”. Como padre, usted trae tanto con usted a su observación, que seguramente lo estará buscando, como si viera a través de cristales de colores. Pueden ser las gafas de color rosa-, pueden ser unas gafas oscuras, o pueden ser una pantalla gruesa que impide ver nada excepto la propia pantalla. ¿Cuáles son algunas de las cosas que toman el color que queremos darles?

A esto le llamamos los “obstáculos internos que traemos con nosotros”.

Las distracciones, tales como las preocupaciones y ansiedades debidas al trabajo y a sentirnos demasiado ocupados, corriendo para no llegar tarde, horarios, llamadas telefónicas u otras responsabilidades. Cualquier cosa que nos lleva fuera de nuestra situación actual.

¿Cómo te sientes físicamente? Eso también es un obstáculo interno. ¿Te molestan tus alergias? ¿Está molesto por una discusión que tuviste con tu marido esta mañana? ¿Estás irritado porque había mucho tráfico hoy? A veces están demasiado distraídos o demasiado ocupados, o demasiado preocupados o ansiosos, como para ser capaz de mirar y ver.

La mayoría de los padres no tienen mucho tiempo para pasar con sus hijos. Y a menudo los pocos minutos preciosos que se tienen, son compartidos con las exigencias de la vida diaria. Tienes que hacer los mandados, conseguir los alimentos, lavar los trastos, responder el teléfono (lo haces, ¿verdad? ¡No importa lo que está sucediendo cuando suena!), todas estas son actividades que se tienen que hacer una y otra en la lista, todos los días. Nos privamos a nosotros mismos de compartir la alegría más profunda que podemos experimentar: estar con nuestros hijos, porque otras cosas parecen tan importantes en el momento.

Cuando recojas a tu hijo en la escuela, por ejemplo, tómate un momento para bajar a su nivel y buscar sus ojos. Dile que usted estás feliz de verlo. Camina lentamente, a su ritmo, hasta el coche. Note lo que les rodea. Escucha lo que ella quiere compartir contigo acerca de su día.   Lo que se ve es de color por…

Cuando se llega a observar en la escuela,

  • ¿cómo esperas que tu hijo se comporte en el aula?
  • ¿Qué piensas que tu hijo estará haciendo?
  • ¿Vas a estar decepcionado si no ves a tu hijo elegir un trabajo?
  • ¿Vas a estar decepcionado si ves a tu niño elegir un trabajo que parece fácil, según tu propia perspectiva?

 

Experiencias pasadas

  • ¿Llegas con alguna experiencia o conocimiento pasado?
  • Todo el mundo tiene alguna experiencia pasada con el dinero, ¿verdad?
  • ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes sobre el dinero?
  • ¿Has tenido una experiencia realmente maravillosa con el dinero?
  • ¿Una mala experiencia con el dinero?
  • ¿Crees que eso te afecta cuando tienes un billete de un dólar en tus manos?

Lo mismo pasa con la observación de su hijo.

Cuando observas en la escuela, estás trayendo a tus memorias lo que viviste en tu infancia y tu experiencia escolar. ¿Cuál fue tu escuela? ¿Cómo te sientes cuando sabes que tienes que estar en la escuela parte del día?

También estás trayendo todas tus experiencias pasadas vividas con tu hijo, a partir del día en que nació, y todos tus sentimientos acerca de su personalidad en base a tu conocimiento a través de la convivencia con él. ¿Crees que tu hijo es activo, tímido, brillante, torpe, etc.? Si usted piensas que él es un niño activo, ¿tal vez te sientas sorprendido si lo ves sentado tranquilamente en paz? ¿Vas a estar preocupado de que algo esté mal? Si crees que es independiente, ¿te sentirías decepcionado si quiere quedarse cerca de ti y empieza a llorar cuando te vayas?

Cuando etiquetamos a nuestros hijos, incluso en nuestras mentes, estamos creando una imagen muy limitado de ellos. Los juicios de valor, o nuestras propias ideas y juicios sobre lo que es bueno y lo que es malo, también puede colorear esas gafas.

Teniendo en cuenta nuestra historia basada en la experiencia con nuestro hijo y los fuertes lazos emocionales que nos unen a él, probablemente sólo tenemos que aceptar el hecho de que ninguno de nosotros jamás será capaz de ver a los hijos en una luz completamente objetiva.

No creo que sea posible que los padres lleguen a observar a su hijo de la misma manera que alguien que no sea el padre del niño lo observaría. ¡Es algo maravilloso saber que hay alguien en el mundo que siempre te ve con los ojos del amor!

Pero es un ejercicio interesante para tratar de darse cuenta de que, sí, todos tenemos una forma particular de mirar a nuestros hijos. Y, sólo por el momento, podemos desafiarnos a nosotros mismos para tratar de dar un paso atrás para tratar de suspender nuestras suposiciones y nuestros juicios y prejuicios y simplemente ver lo que hay allí.

Estas son formas que podemos trabajar para lograr eliminar las estas gafas temporalmente con el fin de estar más cerca de la raíz y estar presente en la observación de nuestros hijos. Estos son momentos preciosos entre un padre y un hijo, y esta oportunidad no dura para siempre.

Si eres padre de un adolescente, entonces sabes que el tiempo llega muy rápido, ese momento en el que tu hijo ya no te necesita, cuando tal vez ya no eres la persona más importante en su vida, cuando no está esperando ansiosamente que llegues para verte después de la escuela.

Hice mi formación de maestros Montessori hace 35 años, y sigo pensando en algo que mi entrenador decía acerca de lo importante que es estar completamente presente con los niños en cada momento. Ella siempre decía el guía debe entrar    en el salón de clases cada día limpio, claro y vacío. Listo para ver con ojos nuevos a cada niño como un niño nuevo, cada día como un nuevo día, cada momento como un nuevo momento.

Hay todo tipo de técnicas que nos pueden ayudar a llamarnos para estar de vuelta al momento presente. Podemos hacerlo en cualquier momento y un notar que todo tiempo es maravilloso para hacerlo, pero sobre todo, el momento más enriquecedor sería el momento de recoger a tu hijo en la escuela.

Así, en la observación, lo que queremos hacer es ver más y actuar menos. Si actuamos menos, podemos ver más.

Una mamá en mi escuela estaba hablándome un día de observación, de su bebé de cuatro meses. Me contaba que se daba el tiempo de alejarse un poco y observarlo, únicamente observarlo y me comentó: “Confío más en él, y me siento más conectada al ser capaz de averiguar lo que necesita. Es lo que hace que la paternidad sea gratificante, relajante y fácil, y ¡tengo un bebé de 4 meses! Solo le prestó atención para no asfixiarlo con sobreprotección, sólo lo miro. Él me mostrará lo que necesita”.

La mayor parte del tiempo, nuestros niños necesitan menos ayuda de la que nosotros pensamos. Y si nos tomamos el tiempo para ver, por lo general nos mostrarán lo que necesitan.

Cuando tenemos visitantes que vienen a la escuela para observar en un salón de clases, siempre les digo que al observar en el aula deben estar tranquilos y ser discretos. ¿Quieres ver lo que está sucediendo como si no estuvieras allí?

Este es su tiempo para estar observando. Este puede ser su único momento para ver las cosas en el aula que será y seguramente será muy interesante, así que por supuesto que deseas sacar el máximo provecho de la oportunidad. Aquí están algunas ideas de cosas que puedes hacer para ayudar a que disfrutes de tu observación en el aula de tu hijo.

1. Prepara a tu hijo: Dile que vas a venir a visitar, que estarás viendo desde la silla del visitante y que te quedarás un tiempo corto, y luego te marcharás. Dile que volverás a buscarlo después de la escuela como todos los días.

2. Trata de venir sin expectativas: No digas “me muestras lo que puedes hacer”. Esto puede ser abrumador para el niño pequeño. Hay muchas cosas que hace en el aula durante todo el día, y este tipo de instrucción es demasiado vaga y abstracta para que tenga sentido para él. Usted puede decir “Estoy aquí para ver a los niños que trabajan, y te veré también.”

3. Trata de observar sin juzgar: no estás allí para ver cómo está tu hijo. No estás allí para emitir un juicio sobre si ella está haciendo bien las c osas, si progresa, o aprender lo suficientemente rápido. Estás allí para ver qué tipos de actividades ocurren en el aula, cómo los niños se relacionan entre sí, cómo se relacionan con los adultos y con el trabajo. Estás allí para apreciar a tu hijo y sólo para compartir con durante un corto período de tiempo la experiencia que vive en la escuela.

4. Observa a los otros niños: sus madres no están presentes, lo que significará que sus actividades serán más o menos las normales o típicas de todos los días. Lo que se ve de ellos puede ser lo que estaría haciendo su hijo si no estuvieses allí observándolo.

5. Sé agradecido: estar agradecidos de lo que se te está concediendo el raro privilegio de observar la gran obra de la naturaleza. Tu hijo está creándose a sí mismo a través de su propia actividad en el mundo y sus interacciones con los demás.

Es importante saber qué es lo que se debe buscar en un aula Montessori.

En 1918 María Montessori dio a los maestros lo que ella llamó una “Guía para la Observación Psicológica”. Era una lista de algunas de las cosas que pensaba que sería importante que el profesor observe sobre cada niño.

Su lista incluye lo siguiente:

  • ¿Cuándo es que el niño comienza a trabajar por cualquier período de tiempo en una tarea?
  • ¿Es capaz de volver a su trabajo después de la distracción?
  • ¿Cuándo comienza a obedecer con entusiasmo y alegría?
  • ¿Cuándo empiezan a tomar parte en el trabajo de otros con un esfuerzo de su inteligencia?
  • ¿Muestra períodos de serenidad?
  • ¿Observas manifestaciones de afecto?
  • ¿Oyes gritos de alegría?

Puedes ver algunas de estas cualidades cuando observas en el aula, y sin duda hay un montón de oportunidades en casa para ver estas cosas.

¿Recuerdas a la madre de mi escuela que estaba tan sintonizado con la observación de su bebé? Un día estábamos hablando de lo que había aprendido sólo por estar con su bebé y lo observaba. Ella dijo: “Parece que he aprendido aún más profundamente a través de la observación de todo lo que hay en mi hijo y es muy interesante. Me hace apreciarlo mucho más, su desarrollo y la naturaleza humana y el desarrollo de la vida a través de él”.

De hecho, existen cualidades universales que Jennifer pudo ver en su hijo y que tú puedes ver en tu hijo y que podemos ver en todos los niños. Estas son las tendencias que todos los seres humanos comparten; no importa en qué época histórica viven, sin importar el país en que nacen, no importa el idioma que hablen.

María Montessori descubrió esto a través de su propia experiencia al observar a los niños no sólo en la primera Casa de los Niños en Roma, sino al observar a los niños de todo el mundo durante casi 50 años, desde Europa, América del Norte, América del Sur, Asia. En todos los países, con los niños de todas las razas, todos con antecedentes culturales diferentes y distintas lenguas, siempre observó las mismas características:

  • Ella observó que a los niños les encanta trabajar.
  • Ella observó que los niños se sienten obligados a explorar lo que encuentran en su entorno.
  • Ella observó que los niños muy pequeños tienen un gran amor por el orden. Ella observó que los niños tienen un deseo de manejar y manipular objetos.
  • Ella también observó que los pequeños tienen ganas de repetir las actividades una y otra vez y luchar por lograr la precisión.
  • Los niños naturalmente se corrigen solos. La experiencia de cometer un error o sentir que algo no está bien, o escuchar la opinión de alguien sobre su trabajo, les llevará a volver a empezar, volver a intentarlo y seguir trabajando hasta que no se equivoquen, sin sentirse mal o culpables por haber cometido el error. En Montessori llamamos a esto el control de error y está integrado en muchos de de los materiales de desarrollo Montessori; los propios materiales guían al niño y lo animan a intentarlo de nuevo hasta lograr un resultado satisfactorio.
  • Ellos tienen un ardiente deseo por la independencia.
  • Tienen una necesidad de comunicarse y expresar amor.

Todas estas cualidades son innatas en los niños. Ellos deben expresarse.

Espero que tengan la oportunidad de utilizar algunas de estas ideas y experimentar con ellas cuando usted pase tiempo con sus hijos en casa y por supuesto también cuando vayan a observar en el aula de su hijo.

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